El 11 de agosto, se celebra en 16 países del mundo y en numerosas ciudades el “Día Internacional de la Logosofía” en conmemoración del nacimiento de su autor y de la creación de la primera Escuela de Logosofía.
Don Carlos B. González Pecotche, nació en Buenos Aires, el 11 de agosto de 1901. A los 26 años comenzó su empresa más trascendente: difundir la existencia de un nuevo camino de evolución consciente para el hombre con el objetivo de crear las condiciones necesarias a un mundo y un futuro mejor.
Fue escritor y educador. Escribió numerosos libros en los que expuso una nueva concepción del hombre, de Dios y del Universo. Han sido traducidos al portugués, francés, inglés, italiano, hebreo y catalán. En ellos el autor recomienda que los libros logosóficos se lean pausadamente, dando lugar a la reflexión propia y a la posibilidad de captar de ellos lo substancial y llegar a la asimilación de sus valiosos contenidos.
Dictó más de mil conferencias en Argentina, Uruguay y Brasil mientras propiciaba la expansión de sus ideas humanísticas.
En 1930, crea en Córdoba, la primera Escuela de Logosofía, dando así comienzo al desarrollo de lo que hoy es la Fundación Logosófica, con sedes culturales en 16 países de América, Europa, Asia y Oceanía. En ellos, numerosas ciudades albergan la actividad de estudiantes e investigadores de la ciencia logosófica.
La Institución cuenta, además, con Colegios primarios y secundarios en Argentina, Uruguay y Brasil, los que conforman el Sistema Logosófico de Educación. En ellos se aplican los planes oficiales de cada país con la orientación de la pedagogía logosófica.
Informan sus autoridades que en 2025 se formó una Comisión Internacional para el Centenario de la Logosofía, que se celebrará en 2030, con el fin de planificar los eventos conmemorativos que se desarrollan en todo el mundo.
En su libro Introducción al Conocimiento Logosófico González Pecotche expresa:
“La Logosofía cuenta con dos fuerzas poderosas que, al unirse y hermanarse, llevan al hombre a cumplir los dos fines de su existencia: evolucionar hacia la perfección y constituirse en un verdadero servidos de la humanidad. Una de esas fuerzas es el conocimiento que brinda a la mente humana; la otra, el afecto que enseña a realizar en los corazones.
El conocimiento solo, sin el auxilio del afecto, se torna, en lo que respecta a su contenido específico, frío e insensible para la mente. La Logosofía produce, justamente, la aleación perfecta de esas dos fuerzas: una, estimulando poderosamente la inteligencia, la otra, fortificando en alto grado los sentimientos del hombre. Esto es lo que contribuye a aliviar las arduas horas de trabajo, pues mientras el estudio, la investigación y la realización pueden producir fatiga, la fuerza del afecto las suaviza y, unidas, mantienen vivo el entusiasmo que cada uno alienta en lo interno del su ser.”
Estas palabras resumen el objetivo trascendente de esta ciencia que, nacida en Argentina, se ha expandido por el mundo con un mensaje de amor, de paz y de esperanza basado en la plena seguridad de que la raza humana puede cambiar y lograr estos objetivos tan caros a su sentir.









