Este viernes 7 de agosto se estrena en nuestra ciudad El escritor de todas las cosas, un unipersonal escrito y dirigido por Javier Daulte a partir de largas conversaciones con el actor. La función de apertura será en el Teatro La Comedia (Mitre y Ricardone) a las 21:00 horas.
Del barrio Belgrano al escenario
Corrían los setenta cuando un pibe de Belgrano subió por primera vez a la sala de Empleados de Comercio. Hijo de un empleado de la Junta Nacional de Granos, Darío Grandinetti pasó la adolescencia entre Mendoza y Sarmiento: trabajó de auxiliar y cafetero, jugó en las inferiores de Newell’s y estudió perito mercantil. Entre la pelota y el empleo público, el camino parecía trazado. Hasta que una tarde, invitado por amigos a un taller de actuación, subió a las tablas para hacer de Tartufo —Molière en Rosario— en agosto de 1976. No buscó revelaciones: fue curiosidad. Pero entendió rápido que su cancha no era la del fútbol, sino el escenario.
Aquella primera salida ya mostró dos cosas: ritmo y carácter. Rosario nunca fue una plaza fácil, pero no hizo falta el conservatorio: el teatro rosarino de entonces se aprendía en los vestuarios, en los ensayos y en las mesas de café. Grupos independientes como Arteón y referentes como Mario Lenski, Ramos Buchín, Lauro Campos, Alberto Serrano y Oscar Barreiros formaban una universidad informal donde se pescaba oficio. Grandinetti se formó ahí: empírico, gremial, absorbiendo lo que se cocinaba a su alrededor.
El traslado de la Junta a Buenos Aires lo plantó en la capital y, a comienzos de los ochenta, empezó a moverse en el circuito televisivo porteño. De Rosario a las cámaras de Buenos Aires, su carrera se fue armando sin estridencias pero con oficio. Como en el fútbol, el actor armó su hinchada: primero en Rosario, después en todo el país y más tarde en el exterior.
La obra y su tono
El escritor de todas las cosas transcurre durante 70 minutos en un pasillo olvidado de un teatro. Desde ahí, un escritor reconstruye por fragmentos su historia mientras, del otro lado de la pared, escucha cómo se vuelve a representar una obra que él mismo escribió años atrás. Juego de espejos: pasado vs. presente. Y la pregunta que pica: ¿qué huella dejó mi trabajo en los demás? ¿Sirvió de algo? ¿Me recordarán?
El monólogo alterna lucidez, emoción contenida y un humor sin gritos. Invita a reflexionar sobre el poder de las palabras como arma de doble filo: pueden herir y distanciar, pero también acompañar, consolar o salvar. Daulte evita la solemnidad y pone el foco en la escritura cotidiana, esas frases de todos los días que terminan marcando nuestra memoria con temas que nos tocan a todos: la familia, el amor, el paso del tiempo y, más puntualmente, la responsabilidad ética del que escribe.
Daulte y Grandinetti ya trabajaron juntos antes; la complicidad permitió ajustar el texto a la forma de decir del actor. El resultado puede parecer autobiográfico, aunque la pieza mantiene su condición de ficción.
Más argentino que nunca
En entrevistas previas al estreno, Grandinetti desmintió un rumor persistente de un exilio en España:
«Hace veinte años que dicen que vivo en España… No».
Aclaró que tiene ciudadanía española y que trabaja con frecuencia en Europa; que incluso sus hijos vivieron allí, pero su residencia y su vida siguen en la Argentina.
Sobre el teatro hoy, sostuvo: «El teatro siempre fue como la trinchera, pero ahora además es el refugio».
Y agregó:
«El arte nunca elogió a la derecha; las grandes obras universales siempre castigaron al fascismo.»
Todavía se pueden adquirir entradas en la boletería del teatro o a través de 1000tickets.com.ar.









