A veces una jugada dice más sobre el ser humano que muchos discursos. No hace falta ser especialista en fútbol para entender, por ejemplo: un tiro libre.
Hace un tiempo me encontré con un posteo de YouTube en el que se hablaba de, quizás, el mejor gol de la historia, y aparecía la figura de Messi. Lo miré y me sorprendió el entusiasmo del relator cuando pateó el tiro libre e hizo un gol. Eso me recordó las crudas críticas que tuvo por no hacer goles de tiro libre.
La reflexión me llevó a ese aspecto tan interesante del ser humano: la posibilidad del perfeccionamiento, de ser mejor. Posibilidad bastante denostada porque, muchas veces, se la asocia únicamente al talento o a la capacidad individual innata.
En Messi, que es el “mejor jugador de todos los tiempos”, para algunos, o “de su generación” para otros, tenemos una enorme evidencia de capacidad individual innata que hace que lo califiquen de genio. Pero, justamente, esa calificación era la que producía el desencanto cuando no hacía goles en esa jugada. Para muchos era incomprensible.
Hasta 2014/2015 la relación entre sus goles de tiro libre y los totales era muy baja. El genio fracasaba en una jugada: el tiro libre. En general, se toma esa fecha como una referencia del cambio, pero: ¿Habrá sido así, de golpe?
El tiro libre es una jugada de pelota parada como sanción a una falta directa (contacto físico imprudente, temerario o con fuerza excesiva como patadas, empujones, zancadillas). En esta jugada todos los actores están quietos y entre el pateador y el arquero hay una barrera de 3 o 5 jugadores que ayudan a proteger el arco.
En declaraciones, Messi admitió que pateaba sin pensar demasiado, como un gesto natural, como lo hacía en las jugadas de movimiento: jugaba y juega bien como algo natural, propio, genial.
Las cosas empezaron a cambiar con un Messi de 27 años. Lo que realizó lo llevaron a esa perfección que hoy lo ubica, para muchos futboleros, en el pedestal de genio total. El mismo Messi dice que, con la madurez, empezó a estudiar la experiencia de sus fracasos, por ejemplo, mirar al arquero, a la barrera y su colocación, entre otros aspectos.
En ese proceso aparece un hecho que, por su singularidad, deja de ser una anécdota de entrenamiento para marcar un principio de cambio en el jugador. Se cuenta que, durante la preparación de la selección argentina para el mundial de 2010 en Sudáfrica, el entrenador Diego Maradona le dio una indicación que resultó fundamental para sus futuros éxitos. Parece que le indicó: “no quitar el pie rápido al golpear el balón”. Ese era un error que cometía Lionel y el gran Diego lo había observado.
Ya en esos años, él venía preparándose para superar esos fracasos. Siempre en silencio, sin dejarse abrumar por las crudas críticas, aunque le produjeran mucha tristeza y, quizás, algo de rebeldía. Siguió trabajando con obsesión y lectura del juego.
Un tiro libre no es un acto simple. Es una secuencia precisa: la ubicación de la pelota, la lectura del escenario, la carrera, el apoyo, el golpe, la trayectoria. Todo ocurre en segundos, pero detrás hay horas de ensayo y, sobre todo, de corrección.
¿No es poco, verdad? Cada uno de estos aspectos tiene varios componentes a coordinar con los demás. Algo bastante complejo que hace que algunos jugadores se hayan destacado a lo largo del tiempo, como Juninho Pernambucano, David Beckhan, Andrea Pirlo, Cristiano Ronaldo, Diego Maradona, a los que se agrega, ahora, Lionel Messi.
Es muy difícil que alguien dude de su acierto cuando, lentamente, ubica la pelota en su lugar, levanta la cabeza y decide patear. El tiempo parece detenerse y los aficionados preparan sus gargantas para el grito de ¡gooollll! En la mayoría de los casos lo consigue y, entonces, sale con fuerza y entusiasmo y, algunas veces, se ahoga en un “la próxima será” dicho y sentido con esperanza y comprendiendo que algunas veces puede fallar.
“Cada fracaso deberás tomarlo como principio de triunfo si de él extraes el elemento que te faltó para vencer” escribió el pensador argentino Carlos B. González Pecotche. En esta experiencia del ícono del futbol actual, se cumple a la perfección. Un estudio de sus experiencias y una capacitación silenciosa pero efectiva con respecto a superar los errores que cometía, lo llevaron a convertir “el mejor gol de todos los tiempos”, según muchos especialistas.









