La obra explora la crisis de la mediana edad y el desgaste matrimonial, y llegará a Rosario, tras una exitosa temporada en Madrid.
Daniel Veronese regresa a la ciudad con su último proyecto, protagonizado por el actor de Relatos Salvajes.
Siendo uno de los mejores directores argentinos, y si hay algo que lo destaca es su capacidad de seleccionar grandes textos, saber seleccionar cuál es el actor adecuado para cada personaje y cómo trabajar el drama.
La presencia de una figura de la talla cinematográfica de Leonardo Sbaraglia al frente de un monólogo teatral es, en sí misma, un acontecimiento cultural. Su participación no solo eleva el perfil de Los días perfectos, sino que también garantiza que estos temas tan comunes como el desgaste afectivo, la infidelidad y la búsqueda de sentido, resuenen en el público con mayor intensidad.
La fuerza de su interpretación se ancla en una profunda conexión personal con el texto. El propio Sbaraglia ha declarado que la obra lo conmovió «muchísimo» y que le llegó en el «momento justo». Esta resonancia íntima es fundamental para la credibilidad de un monólogo que funciona como una confesión. Cuando el actor no solo interpreta, sino que canaliza una crisis existencial que siente propia, la barrera de la ficción se desvanece y el espectador se convierte en un confidente.
El desafío es claro: sostener en soledad la tensión dramática y psicológica de la pieza. Sbaraglia debe mover el registro entre el hastío corrosivo de un matrimonio agotado, la intensidad de una relación clandestina y la vulnerabilidad de un hombre que siente que lo perdió todo. El texto original combina verdad y humor, recursos que Sbaraglia intenta equilibrar con precisión para que la confesión sea lo más creíble y conmovedora posible.
La obra parte de la novela homónima de Jacobo Bergareche (2021), breve pero contundente, cuya prosa introspectiva permitió una adaptación fiel al tono literario. Veronese resolvió mantener la estructura epistolar: el protagonista, Luis, refugiado en un archivo universitario, reconstruye una aventura amorosa a través de la correspondencia entre William Faulkner y Meta Carpenter. Ese recurso funciona como espejo narrativo y alimenta la reflexión sobre el matrimonio y la soledad.
La decisión dramatúrgica de preservar las cartas —y convertirlas en el hilo del monólogo— es, además de inteligente, una apuesta: concentra la acción en la voz interior del personaje y evita el didactismo, transformando la lectura en acción escénica viva.
El conflicto central gira en torno a Luis, un periodista sumido en un profundo hastío profesional y matrimonial. Su única vía de escape es una aventura con Camila, pero sus planes de encontrarse con ella en Austin se desmoronan al recibir un mensaje terminante: «Dejémoslo acá, quedémonos con el recuerdo». Este colapso lo sumerge en un viaje introspectivo que define la trama.
Nadie como Daniel Veronese para dirigir y adaptar de forma tan eficiente esta obra. Su reconocida experiencia en la disección de conflictos psicológicos y matrimoniales era esencial para traducir la profunda introspección de la novela en una acción escénica vibrante y sostenida.
Presentar la obra en el Astengo no es casual. Ubicado en Mitre 754, el histórico teatro —recuperado en 1968 por la Fundación Héctor I. Astengo y sede, entre otras instituciones, del Mozarteum Argentino— refuerza el perfil cultural del montaje y lo saca del circuito puramente comercial.
Luego de cosechar aplausos en España, ahora el público rosarino que siempre fue muy crítico pero leal con sus actores, y su teatro, ahora va a poder disfrutar de una obra que propone mucho.
Las entradas ya están disponibles, pueden adquirirlas a través de la página web o mediante la boletería del teatro.









