Tras una aclamada gira internacional, la obra regresa a la capital Argentina para una temporada estrictamente limitada. El esperado regreso de Escenas de la vida conyugal, protagonizado por Ricardo Darín y Andrea Pietra, ha aterrizado en el Teatro Coliseo (Alvear 1125) de Buenos Aires, y su impacto ha sido inmediato y arrollador. Con localidades agotadas desde su primera función, el reencuentro del público porteño con esta pieza fundamental del teatro contemporáneo se ha consolidado como el evento cultural más esperado de la temporada, demostrando que la sed por este clásico sigue intacta.
El regreso de la obra a Buenos Aires no es un estreno más en la cartelera, sino la culminación de un ciclo y la respuesta contundente a una demanda popular que pedía el retorno a casa de uno de sus mayores éxitos teatrales. Durante años, miles de espectadores utilizaron redes sociales y diversos espacios para manifestar su deseo explícito de que la obra «volviera a casa». Su vuelta, tras siete años de ausencia de los escenarios locales, se ha transformado en un fenómeno de taquilla y un acontecimiento social ineludible.
Se trata de uno de los reestrenos teatrales más trascendentales de la temporada 2025. La primera función se vivió con una sala «colmada» y «localidades totalmente agotadas», culminando en una previsible «ovación de pie» que selló el pacto de admiración entre los actores y su público. Este fervor se ve intensificado por una estrategia de exclusividad: la producción ha programado una temporada estrictamente limitada a solo 15 funciones, con fecha de cierre definitiva el 7 de diciembre. Esta escasez programada ha disparado la demanda y ha consolidado cada noche como una oportunidad única.
Como siempre, Mirtha Legrand no se perdió la oportunidad de asistir a la noche del reestreno. Darín y Pietra llegaron a Buenos Aires inmediatamente después de finalizar una exitosa gira por España, garantizando que el público porteño reciba la obra en su versión más refinada: fresca, afinada y en su pico de rendimiento.
La obra, una producción de la Compañía Teatro Maipo de Buenos Aires, acumula una trayectoria global impresionante que explica su actual nivel de excelencia. Con más de 600 funciones realizadas y una audiencia total que supera los 650.000 espectadores, ha conquistado escenarios en países como España, Perú, Uruguay y Chile, consolidándose como un clásico moderno en nuestro idioma y un embajador de primer nivel del teatro argentino.
El arrollador éxito de Escenas de la vida conyugal no se explica únicamente por la genialidad del texto, sino por la química excepcional de sus protagonistas y la precisa dirección artística que los guía. La sinergia entre Ricardo Darín y Andrea Pietra se ha convertido en el corazón de esta producción.
Tras más de 600 funciones juntos, su trabajo actoral ha alcanzado una madurez comparable al exquisito sabor de un vino bien añejado. La puesta en escena, deliberadamente minimalista, los sitúa solos en un escenario casi vacío, una decisión que, en palabras de la propia Pietra, exige «pura actuación». Este minimalismo es posible gracias a un equipo creativo de primer nivel que sostiene el drama: la iluminación de Gonzalo Córdova; el vestuario de Renata Schussheim; y la música incidental de Diego Savoretti.
Pietra reflexiona que el tiempo y las vivencias personales les permiten «ir más profundo» en la compleja psicología de Juan y Mariana. Por su parte, Ricardo Darín aporta una fascinante dualidad. Por un lado, defiende con firmeza la cultura como un proceso de expresión, calificando de «un poco perverso» el enfoque que la mide únicamente por su resultado comercial. Por otro, despliega un humor cínico que rompe la cuarta pared, bromeando con el público que, tras ser testigos del calvario de Juan y Mariana, su mejor recomendación es: «No se casen jamás».
Esta maquinaria de alta precisión está bajo la custodia de Norma Aleandro, la primera dama de la escena argentina. Su rol como directora es fundamental. Aleandro tiene una larga historia con la obra, habiendo dirigido una versión anterior en 1992, lo que le otorga una visión artística única para mantener viva la esencia brutal y honesta de Bergman.
Esta maestría conjunta logra que un texto escrito hace cinco décadas resuene con una vigencia asombrosa, interpelando al público contemporáneo con preguntas que siguen sin tener fácil respuesta.
“Escenas de la vida conyugal” nunca fue una obra complaciente: nació para incomodar, para abrir conversaciones difíciles, y esa energía sigue viva en el escenario del Coliseo.
La historia empezó en 1973, cuando Ingmar Bergman la estrenó como miniserie en Suecia. Su impacto fue tal que más de la mitad del país se reunió frente al televisor para ver el final, y muchos relacionaron su éxito con un aumento de divorcios. El texto funcionó como un espejo brutal que obligó a miles de parejas a mirarse de verdad. Luego llegó su versión cinematográfica, premiada con un Globo de Oro y un Bafta.
El salto al teatro apareció en uno de los momentos más duros de Bergman. En 1981, exiliado en Múnich por acusaciones fiscales, adaptó la obra para el escenario y encontró allí el formato más honesto para seguir explorando la intimidad de la pareja.
La trama sigue siendo universal: Juan y Mariana atraviesan matrimonio, ruptura y reencuentros, entre hastío, engaños y viejos afectos. La adaptación argentina de Federico González del Pino y Fernando Masllorens potencia ese material con una mezcla precisa de humor y drama que mantiene al público en un vaivén emocional constante.
Más de cincuenta años después, el texto de Bergman sigue siendo un disparador: convierte una noche de teatro en una experiencia íntima, que cada espectador completa con su propia vida.
Porque el verdadero poder de este clásico aparece en la reacción del público, que convierte cada función en una experiencia de introspección personal y colectiva. La obra actúa como un espejo catártico donde las parejas se reconocen —a veces de manera incómoda— en lo que ven en escena.
Andrea Pietra lo resume con una imagen perfecta: durante la función “escuchás cómo los matrimonios se codean”. Ese gesto mínimo revela una identificación inmediata y abre la puerta a conversaciones que suelen esquivarse. Porque la obra no termina cuando baja el telón: es de esas historias que te deja pensando un rato largo, te hace replantearte varias cosas, funcionando así mismo como un disparador necesario.
Sostener una producción así durante años de gira implica renuncias y sacrificios. Pietra ha contado cuánto significó el apoyo de su pareja, Daniel, en la crianza de su hija durante los largos viajes. En su vida real aplican lo que sus personajes no siempre consiguen: trabajo, paciencia y mucho amor. Esa paradoja le aporta una verdad adicional a sus interpretaciones.
Las entradas rondan desde los $34.500 pesos, y todavía quedan 7 funciones más.
No se pierdan la oportunidad de verla o de revivir nuevamente este clasico que sigue siendo un éxito rotundo y aclamado.










